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miércoles, 25 de febrero de 2009

Encuentro 7: La lectura (Turno Noche)

Comenzamos el encuentro con la presencia de dos invitadas de lujo: Romina Pizzorno (ayudante del curso de ingreso en el turno tarde) y Victoria Sastre (adscripta en la cátedra de Metodología 1), que vinieron a presentarnos un fanzine que editan, junto con otros colaboradores. Es un proyecto que surgió entre gente del JVG y se llama Didáctica de la fantasía.
[Un fanzine es una publicación de bajo costo de impresión y que puede ser distribuída masivamente, fuera del mercado editorial.]

El título de la publicación es un homenaje a Gianni Rodari, un autor italiano que trabajó con propuestas de escritura para el aula, en su libro Gramática de la fantasía.
Este fanzine está dirigido a docentes, con el objetivo de ayudar a realizar una sistematización de la práctica cotidiana, ya que “la didáctica está en el aula”, (Vicky).
Consta de cuatro secciones:
1. Consignas, de escritura lúdica o creativa, para realizar en la clase.
2. Escrituras, en donde se presentan trabajos de alumnos, pertenecientes a tanto a ámbitos de educación formal como no formal.
3. Lecturas, que consisten en material teórico preparado por especialistas.
4. Artes combinadas, donde se presentan distinto tipo de imágenes (dibujos, fotos, etcétera) en relación con consignas de trabajo.

Al respecto, Gaby comenta la importancia de que el buen trabajo que se realiza en el aula se transmita, ya que el trabajo docente suele ser muy solitario y “no hay proyecto que no sea colectivo”.

Luego, comenzamos a trabajar con el cuento de Silvina Ocampo, “Ana Valerga”, a partir de las preguntas: ¿qué resuena en este texto?, ¿qué llama la atención?
Surgen distintos comentarios:
Se trata de educación no formal, es lo que se necesita en ciertos sectores.
Propone que el fin justifica los medios.
Juega con distintos puntos de vista: el de los funcionarios que clausuran la clase, el de Ana Valerga, el de los chicos, el de los padres. No todos son coincidentes.
El método de Ana V. no es tan autoritario como parece, los chicos mezclan la fantasía y la realidad.
La obediencia es un medio para lograr el objetivo de enseñar.
Aprovechó un recurso y lo desarrolló.

Gaby expone la idea de que el narrador proporciona datos ambiguos, no nos deja las cosas claras, nos hace dudar todo el tiempo. También propone que se analice el cuento desde el texto mismo, evitando los juicios morales sobre el personaje.
Propone la siguiente pregunta: ¿el método es positivo?
La mayoría acuerda en que sí lo es. Y una voz comenta que “cuando un método diferente al convencional funciona, es un peligro, rompe con lo instituido”.


Silvina Ocampo


Lo interesante de este texto, nos dice Gaby, es como está trabajado, como muestra lo que ocurre con lo hegemónico, con la mirada de las autoridades, con las relaciones de poder. El texto no dice, sino que sugiere, propone, deja pensando.
Desde esta reflexión surgen las dos lecturas posibles que pueden hacerse de la frase final, “no parecían muertos como antes”. ¿Quiénes? ¿Los chicos o los próceres?
Sobre este particular, alguien comenta que “el texto juega con la duda, enriquece la lectura”.
Y Gaby enriquece nuestros puntos de vista comentando como Silvina Ocampo trabaja siempre el deslizamiento entre lo fantástico y lo real (¿es este un cuento fantástico, o no?), todo queda en sobreentendidos.

A las 19.30, bajamos al corte de calle que están realizando los alumnos del JVG a raíz de la mudanza del edificio, y seguimos allí la clase.
Comenzamos a leer “Felicidad clandestina”, de Clarice Lispector, y comenzamos el análisis desde el título mismo: ¿qué significa pensar la literatura como una felicidad clandestina?
Significa que es algo íntimo.
Algo que no se quiere compartir.
No es una lectura institucionalizada.
Es privada, algo que se lleva a casa.
Nadie te dice lo que tenés que interpretar, no hay nada que regule.

Por eso toda lectura es potencialmente clandestina, subversiva, incita a la libertad, nos dice Gaby.

Clarice Lispector

Sobre esto, alguien comenta que es “el placer que para esa lectora representa el libro, lo que es difícil conseguir, el deseo”. Con el deseo volvemos al primer encuentro (todo está conectado…) y Gaby presenta el texto de Petit, que plantea las diferencias entre las lecturas diurnas y nocturnas en una comunidad rural.
De día, se lee en grupo y se eligen temas utilitarios. De noche, se realiza una lectura solitaria, en un contacto más íntimo y menos reglado con los textos. El peligro de esta lectura es que permite diferenciarse de los otros, y allí radica “el peligro”.
La lectura individual promueve el cuestionamiento de las instituciones, de los grupos de pertenencia.
Luego de una interesante discusión (que fue muy larga para relatar aquí), nos fuimos al ya tardío
RECREO

Volvimos y leímos el texto de Pezzoni sobre el lector como crítico. Entre las docentes y el grupo se llega a la conclusión de que ninguna lectura es igual a otra. Cada experiencia, cada nuevo texto aporta nuevas ideas y, aunque leamos un libro dos veces, la nueva lectura no será igual a la anterior.
Surge la idea del lector en pugna con el texto y el lector como productor de sentido. Para producir, hay que pelearse con el sentido, no solo encontrarlo.
Finalmente, pasamos al texto de Fontanarrosa, “Poncio, el profeta”, que la mayoría, por suerte, había leído antes de la clase (era bastante largo como para leerlo entre todos).
Poncio y el faucetorio (según la pluma de nuestro dibujante amigo, Daniel Zilberberg)

Gaby explica como lo que produce el humor es la negación de la figura del escritor. Las notas al pie comienzan siendo de lo más "respetuosas" y, sobre el final, terminan demoliendo al autor del relato de Poncio: el lector, como crítico, no puede evitar decir lo que piensa.
Lo que ocurre en las citas, ocurre en el texto: el dios es mentiroso y el erudito, también.
Llegamos a la conclusión de que el humor también es clandestino.

Como regalo, en el cierre leemos “Kafka y la muñeca”, de Paul Auster, y nos emocionamos mucho todos (que manera de leer en este encuentro…).

martes, 10 de febrero de 2009

Encuentro 3: La Literatura (Turno noche)

El tercer encuentro (La literatura) empezó a horario, como de costumbre (venimos bárbaro…). Gabriela presentó a la profesora que lleva adelante el curso por la tarde, Silvia Trillo, y a una profesora que forma parte de la Junta Departamental de Castellano, Elisa Salzmann, que nos acompañó durante la primera parte de la clase. Anunció también la visita de Silvia Seoane, directora del Departamento.
Luego, recordó brevemente los encuentros anteriores, la clase se puso a “tono” y comenzó el trabajo con la propuesta del día: tratar de definir qué es la literatura. Uuhmmmm, ¿se podrá? Ya lo veremos.
Leímos dos textos “Volamos”, de Antonio Di Benedetto y “Escándalos” de Juan Gelman.
En relación con “Volamos”, surgieron rápidamente comentarios:
Está soñando.
Las cosas no son lo que parecen.
Es como hablar por hablar, es escuchar por escuchar.
La duda que estaba afuera pasa a estar adentro. El que habla pasa a ser un objeto cuestionable.
Son dos personas que engañan a sus parejas e intentan hablar luego de tener relaciones sexuales.
(Llamativa esta lectura... A varias de las integrantes del equipo de este curso jamás se nos había ocurrido este posible sentido, que sí, en cambio, fue compartido por Elisa. Es maravillosa la polisemia de la literatura.)



Una de las profesoras retomó los comentarios para hablar de la creación de ficción, frente a la posible explicación racional, y preguntó: “¿Qué pasaría si lo que se estuviera definiendo en este texto fuera la literatura?
Alguien comentó que “en la lectura no hay una pauta para la imaginación”. Sobre eso, se propuso que los límites de sentido están en el propio texto. En los sentidos que plantea, podemos hacer nuestro propio camino.
“La literatura puede ser muchas cosas”, comentó otra voz.
Se planteó que la literatura es un campo difícil de conceptualizar y discutimos sobre sus límites. En ese punto intervino Elisa, trayendo al debate la relación entre texto y contexto (histórico, político, emocional, cultural), y la importancia de que el contexto no fije el texto, sino que sirva para enriquecer la propia lectura.
Leímos “Escándalos” y, a continuación, se transmitió la consigna individual de escritura creativa: escribir una definición de literatura utilizando los textos leídos, desarmándolos, extrayendo palabras de ellos.
Antes de salir al merecido descanso del recreo, escuchamos lo que algunos ingresantes escribieron. Como siempre, se desgranaron ideas muy interesantes y sugestivas:
Claudia Almada escribió un texto muy emotivo, del cual surgió: “Ramona y mi abuela no saben leer ni escribir, pero narran”.
Mario planteó la idea de lo que no se comenta en el relato, lo que se cuenta y lo que no se cuenta.
Sara propuso que nosotros podemos construir el relato que falta.
Juan habló de la predominancia del lector: “Si interpretamos, rellenamos espacios y ese es el objetivo”.
Joana escribió que “leer es volar soñando, puedes extender tus alas cuando gustes”.
Respecto de los fragmentos leídos por los compañeros, comentamos cómo surge la idea de que no solo importa el que escribe o relata, sino también el que lee o escucha. Se habló del “pacto” que se establece entre el autor, el lector y el texto.
Por último, docentes y ayudantes leímos “El posible Baldi” de Juan Carlos Onetti
Como cierre, las profesoras propusieron que la clase leyera el texto de Piglia (“Tesis sobre el cuento”), en forma individual o en grupo, antes de salir al

RECREO

Volvimos a clase. La profesora Eva y yo (Silvina Ch) pedimos a la clase que trataran de establecer relaciones entre el texto de Onetti y el de Piglia.
Belén propuso que en el relato de Onetti se trabajan dos historias (otro grupo propone, incluso, cuatro…), y que se pueden leer las dos en conjunto, o una por encima de la otra. Alguien mencionó una “forma” misteriosa del texto, algo que queda oculto, y se citó a Kafka.
León sugirió que la forma no solo sirve para ocultar, sino también para hacer desaparecer.

Yo propuse que el relato “encriptado” nos permite intervenir, crear y completar sentidos en el texto.
(¡Ojo!, no es una idea original en absoluto; Barthes lo dijo primero cuando propuso, hace ya tiempo, la idea del lector-escritor.)

Sara rescató la importancia de las competencias lectoras, mientras que León propuso que un cuento debería ser para todos.
(Yo acá me engancho otra vez y comento que un autor siempre configura un posible lector. Puede ser que su lector sean todos, pero no necesariamente…)

Edgardo no acordó totalmente con la propuesta de Piglia y planteó que las dos historias no eran siempre necesarias, aunque sí una estrategia posible.
Otra compañera propuso que un ejemplo clásico del juego con las dos historias eran las fábulas y las historias con moraleja.


En el debate, Baldi se multiplicó en muchas historias y las cuatro que se plantearon al principio ya no resultaron demasiadas: el verdadero Baldi, el Baldi literario, el Baldi que vuelve sobre el final, la historia de la mujer y su posible cómplice bigotudo.

El fajo de billetes en el bolsillo de Baldi también trajo “cola”:
Le iba a pagar a la mujer.
Era algo laboral.
Significa la búsqueda de la seguridad (por algo inventaba cosas que no eran).
Los billetes logran que uno vuelva al relato inicial.
No tengo todo eso que inventé, pero tengo plata.
Los asocia con la alegría. Se los termina dando a la mujer porque pierden valor, el pierde su alegría.

Una de las profesoras preguntó si creían que Baldi había perdido la alegría porque se había dado cuenta de que su vida real no era lo que esperaba (con palabras más directas, por supuesto, que no voy a reproducir aquí…). Y siguió: “¿Qué pasa al final?”.
Acá se armó un “bollo” y no llegamos a acuerdos pero sí a ideas enriquecedoras de la lectura.
Alguien comentó que la mujer le había mostrado otro destino, otro camino. Otro compañero planteó que Baldi tenía una necesidad interna de contar historias, y la mujer le daba esa posibilidad. Mientras, Edgardo y yo seguíamos debatiendo acerca de las dos historias de Piglia.
Finalmente, para cerrar, se planteó una posible lectura del final: Baldi elige seguir con la ficción, al menos frente a esa mujer.
Y nos quedamos todos pensando frente a esta pregunta: ¿qué pasa si uno hace de la ficción el motor de su vida?
Como tarea para la clase siguiente, se propuso: escribir un texto explicativo-expositivo de una página (si es más largo, ¡no se corrige!) en el que se desarrolle una lectura de “El posible Baldi”, fundamentando las ideas propuestas con fragmentos del propio cuento y del texto de Piglia.




(Aclaración final: Las ilustraciones fueron hechas especialmente para este blog y el dibujante, Daniel Zilberberg, no recibió influencias de ningún tipo. Fue libre de realizar su propia interpretación de los textos, como corresponde.)

Como regalo de fin de semana, apenas llegamos a leer "Ana Valerga", de Silvina Ocampo y nos despedimos con el firme propósito de retomarla en alguno de los encuentros posteriores.
Fin, nos vemos.